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Qué? De las transferencias (II Ciclo).

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Abordamos este año, con Lacan, la transferencia, ese “corazón de nuestra experiencia” como él lo denomina en el seminario 8.

Es justamente a partir de un consenso grupal, acerca de la coincidencia con tamaña adjetivación, que estamos dispuestos a dejarnos arrastrar por los flujos y reflujos de una marea discursiva que nos afecta, es decir nos atraviesa, nos conmueve y finalmente nos moviliza y nos convoca.

Marea psicoanalítica que instala el concepto desde una “fundamentalidad” que este año nos proponemos interrogar, casi con la misma convicción que nos reúne en la certeza de su importancia y su papel decisorio en la dirección de la cura.

Los “topos”, o lugares dispuestos “ad-hoc” por el artificio del dispositivo. El amor, en su revelación de presunta estratagema, de recurso inaudito. La vigencia de un Amo sapiente, como ilusión apaciguadora, como salvoconducto imprescindible. El poder de la enunciación, de la palabra operativa, en tanto puente obligado entre demanda y deseo.

Aspectos, elementos, indicadores, devenidos avatares de una experiencia única, distinta y original, la experiencia analítica, de la que somos partícipes cotidianos, artífices convencidos y siempre practicantes de una particularidad, que nos demanda constantemente una puesta en cuestion de nuestros reflejos conceptuales y un acondicionamiento sin pausa de nuestro andamiaje argumental.

El “experimento” freudiano nos justifica, nos habilita y nos constituye.

La transferencia es ese momento constitutivo, a partir del cual llevamos la marca indeleble de nuestra pertenencia a un discurso, cuyo poder y trascendencia van de la mano con las dificultades y los hallazgos de la clínica. Y cuyos efectos y la pretendida eficacia de su práctica nos es permitido interrogar y comprender, a partir de ejercer plenamente la voluntad de reunirnos, y de reconocernos en el intercambio del trabajo compartido.

 

Grupo convocante: Herkos

Información adicional

  • Días y horario: Lunes 20:15hs (frecuencia quincenal)
  • Lugar: Córdoba 2326
  • Coordinador: Jesica Rossi y Martin Coronel
  • Integrantes: Carolina Imfeld, Elisa Santoro, Maximiliano Arevalos, Hector Gracia, Luciana Felip Rodolfo Picolo
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Gente en la conversación

  • Inversión/es en las transferencias.

    El 28/05/2013 es la fecha que a través del decreto 603/2013 se reglamenta la ley 26.657, ley conocida como Ley de Salud Mental y Adicciones. Si bien esta ley fue sancionada en septiembre del 2010 la reglamentación fue aprobada recientemente. 2013 es el año donde esta ley comienza a dar sus primeros derroteros en la práctica. A partir de estos primeros pasos, nos encontramos con cuestiones inherentes a la práctica que merecen a mí entender algunas consideraciones.
    Tuve la oportunidad de escuchar a Alejandro Manfred en las jornadas Psicoanálisis y Estado, http://www.youtube.com/watch?v=RW4F3NCl0z Y allí Alejandro planteaba la cuestión de la gratuidad y sus implicancias clínicas, remarca que el valor simbólico del pago con dinero no es sustituible por cualquier otro modo de pago; es claro que el valor de intercambio simbólico que implica el dinero no es comparable con algún otro objeto de intercambio.
    El dinero es el elemento significante, que se ubica en el lugar de articulación simbólica, de la transferencia en tanto y en cuanto se articula en transferencia algo de la deuda por existir que tiene todo ser hablante. Este lugar de deuda puede pasar a ser un problema cuando el pago no encuentra su lugar.
    En este sentido, dice Alejandro Manfred, que la gratuidad se articula a la caridad en sentido cristiano. Él te asisto por la caridad cristiana, deja muchas veces al paciente, no ya en el orden de la deuda de existir, sino como decía Freud en una deuda de amor, e incluso a veces desde un lugar denigratorio.
    Luego de enmarcar esta cuestión pasa a decir -respecto de los efectos en la transferencia- que hoy en día no es el mismo lugar el que ocupan los pacientes en el ámbito de la salud pública.
    Con estas transformaciones en el ámbito de la legislación en salud mental, se ha avanzado en el reconocimiento de los derechos de los pacientes, ello implica un viraje importante desde la caridad al derecho, ya no te asisto por magnánimo, sino por qué debo hacerlo porque tenés derechos y eso está legalizado.
    A partir de esta charla y de lo que hemos venido trabajando este año en el seminario “Qué? De las transferencias”, me preguntaba ya no como lo hace Alejandro respecto del lugar simbólico del pago y su implicancia en la transferencia, sino sobre esta deuda de amor, y su intrincamiento en las transferencias a la que hacía mención. Si la gratuidad/caridad genera, transferencias mediante, una deuda de amor, ¿qué genera en trasferencia el no pago ahora anudado a un derecho?



    Lo fenomenológico “Linguneado”
    Ciertamente los efectos imaginarios, fenomenológico de la transferencia han sido ninguneados en la formación psi universitaria, pero no por ello deja de tener efectos, efectos que soportan los trabajador en salud mental, sino pregúntenle a Breur quien salió disparado del consultorio al encontrarse con el impacto de la transferencia.
    Pero también sabemos que si estos efectos de las transferencias, están determinados simbólicamente, al decir de Juan Ritvo, ¿qué ocurre cuando el estado se otorga el monopolio de la transferencias legislando sobre los resortes mismo de los lazos, es decir el sujeto supuesto saber?
    Ciertamente los analistas y sobre todo de formación Lacaniana tendemos a dar prioridad al aspecto simbólico de la transferencia a pensar tópicos de análisis a partir de allí.
    Creo importante también dar lugar a este otro aspecto de la transferencia, el aspecto fenomenológico, el amor de transferencia, lo erótico, la erótica en juego en las transferencias tiende a ser dejada de lado, lo cual a mi parecer deja un espacio vacío a la hora de entender ciertos aspecto de la práctica.
    En este sentido pensar la erótica, el eros y sus efectos en la transferencia, no es otra cosa que pensar la cuestión de los afectos y sus vicisitudes.
    Por ello el planteo es a pensar los qué?, de las transferencias, si bien podemos hablar de transferencia, en tanto “concepto” fundamental y en cierta medida globalizador de diferentes cuestiones que se en lazan al interior de esta palabra, el plural y los qué? Podría ser lo que nos puede permitir abrir este concepto para encontrar allí sus intrincamientos.
    La cuestión entonces es, pensar los, “Qué? de las transferencias”, en su tópica y su economía.
    Tomemos como referencia de la práctica, en el sector público y las ONG. Los pacientes llegan afectados, es decir con una demanda que en lo manifiesto se presenta como angustia, ansiedades, temores; esto no haría ninguna diferencia con la práctica clínica en lo privado del consultorio, la transferencia misma no sabe de estas divisiones. La diferencia está, no en la cualidad, sino en la posición en la que se aloja este padecer.
    En el seminario “La Transferencia ”, Lacan sitúa que el amor de transferencia es esencialmente dispar, no hay posibilidad de paridad subjetiva, en la medida que el amor en tanto tal, se sirve de dos posiciones bien definidas, el eraste y el eromenos, (el amante y el amado).
    El amor como cuestión primera, primaria en lo fenomenológico del encuentro con el paciente en dos sentidos bien definidos.
    Primera en la historia del psicoanálisis, ya que el primero en acusar el golpe de la transferencia fue el doctor Breur, quien no soportó su impacto y derivó a su paciente.
    Y también primaria en el sentido de ser el soporte primario, de un análisis. Allí encontramos el indicador de la importancia fenoménica de la transferencia.

    La restitución de derechos del paciente, imprime un nuevo encuadre, que restituye la paridad, estas nuevas posiciones en la transferencia imponen un nuevo campo de acción, tanto para el paciente como para los profesionales que nos dedicamos a poner la oreja y el cuerpo a estas demandas.
    En este seminario, Lacan partiendo de lo fenoménico de la transferencia, va encontrando los topos de la transferencia, es decir los lugares que definen las posiciones de aquel que habla y del que escucha.
    Entonces, sobre lo erótico en juego, lo que podemos conocer, es quien ocupa el lugar del amado y el del amante. Este sentido de lo que podemos saber, son las posiciones del amor, no al amor mismo, remite a un real inaccesible a lo simbólico o lo imaginario.
    Lacan sitúa entonces, que es buscando ese lugar, de amado, que los pacientes llegan a iniciar su análisis, pero es como amante donde encontrará el camino a su cura. Este viraje imprescindible para una cura, implica una metáfora (pasaje de amado a amante), es decir la sustitución de un lugar por otro, esto puede o no suceder si el amado, le supone algo al amante, algo que en el amante despierte su deseo, para tener eso que tiene el amante, debe pasar a esa nueva posición, ese algo Platón lo llama Agalma.
    El paciente como decía más arriba llega afectado, demandando que se lo “entienda”, “que se lo ayude” es decir en posición de que se lo ame, que “se lo contenga”, desde una posición de objeto, entendido como objeto de amor, según entendemos al objeto desde el psicoanálisis. Todo objeto entendido desde el psicoanálisis es un objeto en tanto libidinizado, es decir amado.
    Es fundamental diferenciar entre sujeto y objeto como lo entiende la ciencia o el sentido común a como lo entiende el psicoanálisis. Repito el objeto para el psicoanálisis es aquel que libinizamos y el sujeto es aquel sujetado a la palabra.
    Con respecto a tiempos anteriores a la nueva ley, el viraje de la demanda, cuando no media el pago era hacia la caridad, (de parte de quien atendía) y hacia la deuda amorosa y a veces denigratoria por parte del paciente) hoy día, ley de salud mental mediante, se ha conmovido esas posiciones, tanto para el profesional que escucha, como para el paciente que demanda.
    Entonces dos nuevas posiciones aparecen, por un lado, el profesional que escucha ya no se encuentra con el riesgo de caer en lo caritativo, porque es un derecho del paciente el que se lo atienda, y por otro lado el paciente ya no pide, sino que puede exigir.
    Si es este un nuevo escenario donde tenemos que maniobrar con los avatares transferenciales, las exigencia de la ley ciudadana impacta en el centro de la transferencia para imponer nuevos desafíos a profesionales y pacientes que en posición de sujetos de derechos, se llevan a las patadas con la posibilidad de virar a la posición de amante, es decir de amar. Como puedo amar a quien está obligado a amarme?
    Asistimos a tiempos donde la apuesta transferencial encuentra nuevos desafíos, la ley de salud mental, al menos en su letra impone una nivelación de lugares transferenciales.
    La apuesta a “invertir” en continuar apostando en la transferencia, pone a los profesionales de la salud una encrucijada de demandas, por un lado respecto de la ley y por otro del lado del consultante.

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