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Resumen: Reinventar, revisar, resituar… Palabras que no dejan de re-sonar y de hacerse presentes en circunstancias que re-claman, que re-quieren, de nuestro entendimiento, una nueva mirada, un nuevo enfoque y por ende una nueva disposición, que aún oscilando entre aventurera y conservadora, sepa avanzar por terreno desconocido y encontrar aquellos pasajes que toda perspectiva emergente debe poder localizar, en el afán de hacerse un lugar.

Palabras clave: reinvención, libidinal, significante, bordes, sentido, psicoanálisis, ciencia, Freud, paradigma, paradoja.

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La ecléctica y posmoderna consistencia de los tiempos que nos toca vivir, suele convocar a menudo nuestra atención sobre aquellos signos que se nos revelan, en el trayecto inacabado de las ideologías, en el cruce de discursos y la renovada y persistente circulación de mensajes, como balizando la ruta de los acontecimientos, y alimentando nuestro interés por algunas preguntas, cuya respuesta reclaman las vicisitudes por las cuales atraviesa nuestra condición de ciudadanos, habitantes de una polis en constante mutación, y en continuo debate, en lo que hace al abordaje de sus problemáticas más acuciantes.

Entre ellas se distingue claramente en el paisaje de nuestra cotidianeidad, la manifiesta e insoslayable relación que vincula a modo de trama constitutiva, la marginalidad creciente de amplios sectores de la población con políticas de estado que no terminan de conformar y delinear con precisión las estrategias de abordaje de importantísimos temas, cuyo peso y volumen se destacan nítidamente en la agenda cotidiana de los problemas a tratar y a resolver, como son: Importantes índices de criminalidad y delincuencia, narcotráfico y pobreza estructural… Podríamos comenzar, a modo de introducción , trazando algunas líneas de análisis que nos pongan en la vía de entendimiento necesaria, para situarnos ante un “fenómeno” que aparece como exacerbando sus características, en la medida en que las consecuencias que acarrea su emergencia, son padecidas de tal manera por el conjunto de la sociedad, que es causa de los mas variados estados de angustia, alerta y zozobra, que diseminándose en una nube de recelos y desconfianzas, sobrevuela el ánimo colectivo y se cierne amenazante en el horizonte de nuestros proyectos más inmediatos…¿Se puede hablar de marginalidad y a la vez de “fenómeno” marginal? ¿Cuáles son las condiciones necesarias para que esta palabra se instale de esta manera, adquiriendo semejante peso específico? ¿Qué es lo que lleva a los integrantes de determinada franja del espectro social, a adoptar formas de vida congruentes con ese rango de clasificación sociológica?... “Carne” de estadísticas, objeto de los más diversos enfoques discursivos, marco autorreferencial y carta de presentación para hombres y mujeres que, habitantes de conglomerados, zonas rojas, asentamientos irregulares, villas de emergencia, etc… se transforman a diario en actores privilegiados de algún show mediático, en protagonistas estelares de los sucesos que a diario resuenan en los noticieros, haciendo eco de esta manera en la mellada psiquis del ciudadano medio, cuya lucha diaria apunta, por sobre todo, a sostener y a preservar , aquellos lugares que el sistema puede ofrecerle como posibilidad de inserción social y realización personal… 

Sin duda marginal significa hoy más que nunca, excluido, segregado, expulsado de los lugares donde se genera la materia prima que sirve de basamento a cualquier sociedad organizada, léase producción económica, cultural, educativa, etc.…El excluido queda así en los márgenes de la organización social, es un resto, un residuo aparentemente necesario de la estructura de una sociedad que fabrica, proporcionalmente tanta escoria, como diferencias puede hacer en la sofisticación y calidad de sus productos tecnológicos, en la acumulación y dispendio de los réditos económicos de las distintas actividades que, con determinada tasa de ganancia en sus horizontes, contribuyen a configurar y a establecer, aquellas formas de estratificación social que le son inherentes y particulares, y de cuya responsabilidad no podría abjurar de ningún modo…

¿La exclusión social es el efecto no deseado de un proceso inevitable?... de un devenir económico que con fundamentos capitalistas, avanza inexorablemente y promete los más inciertos avatares a una sociedad que mira pasivamente, desde su representación política democrático-burguesa, los hechos que preñados de interrogantes y planteando diversos enigmas, suelen hacer las delicias de teóricos y cientistas, de toda laya y pelaje?

Así parece ser concebida por ciertas lecturas políticas que, a caballo de sus necesidades más inmediatas, (léase, votos, liderazgo), abonan y desarrollan la idea de cierto “limbo” marginal, donde tal condición es integrada a un mapa conceptual que estaría supuestamente, dando cuenta de un tiempo histórico particular y que como tal requiere de la atención especial y del tratamiento diferencial correspondiente, que en este caso se traduce en justificaciones y prebendas, en elogios e incentivos, y en el otorgamiento de un espacio inédito, que poco a poco va delineando y construyendo un enclave cuasi institucional, donde conviven apretadamente, organizaciones “populares”, delincuencia, pobreza extrema, y una presencia estatal, que vía subsidios y asistencialismo se afana por sostener el status quo que los nuevos actores reclaman, so pena de alterar con su protesta, algunas de las coordenadas a las que se remite el “orden” vigente, … muchas veces construido sobre sus espaldas, y en el desprecio absoluto por sus capacidades y posibilidades de integración a un proyecto colectivo

Digo “que los nuevos actores reclaman”, y allí me detengo, para procurar interrogar los fundamentos subjetivos de esta ¿nueva? configuración social, cuyo sujeto se posiciona curiosamente como dependiente-demandante, exigiendo -a partir de una situación que lo coloca invariablemente, en lo que se podría definir como cierta “inermidad”, ontológica, jurídica, e ideológica- dichos beneficios, y aquellos salvoconductos que contribuyan a aliviar sus padeceres y asegurar su supervivencia…

Inermidad ontológico-jurídica, porque los expone en un lugar desconocido y errático, como sujetos sociales que, dotados en algunos casos de cierta organización, no tienen otro objetivo aparente que pugnar por la conservación de un espacio ficcional, donde el rol histórico a desempeñar se escurre entre las conjeturas más disímiles, dando el tono de aquellas tipologías marxistas clásicas, donde un “lumpen-proletariado” contingente y episódico conservaría cierta potencialidad de reinserción sumándose eventualmente a la lucha de clases, o viraría en dirección a las propuestas de la reacción política, atraído por la seducción que ejerce la promesa de satisfacción de sus necesidades más urgentes… gigantesca “zanahoria” por otra parte, que las artimañas y la astucia de las clases dominantes saben ofrecer, cuando de preservar el orden instituido y sus privilegios se trata… Es así como aparecen llamados a resistirse, por su propia dinámica y por los salvoconductos antes mencionados, a responder a los denominadores habituales que estipula el derecho, operadores jurídicos que habilitan o inhiben, y que podrían dar lugar a acciones específicas que pudieran proyectarlos a una racionalidad, a un “anclaje” subjetivo que los haga partícipes de los avatares de una legalidad social, cualquiera fuese esta… No hay sanción, ni premio, ni castigo, por lo tanto los derechos reclamados se convierten en exigencias a imponer, sobre cualquier consideración de tipo organizacional o delimitativa…

Finalmente es una inermidad ideológica, porque su eventual contribución a un proceso de cambio estaría seriamente condicionada por las continuas “recaídas” en la dadiva y la negociación con el poder, prácticas que algunas organizaciones sostienen como parte de su bagaje de recursos, dándole así a esto en algunas ocasiones, verdadero carácter de “modus operandi”, letalmente nocivo para la salud de cualquier colectivo social que detente ciertas aspiraciones…. Que fuerza ideológica podría portar un movimiento, cuyos líderes esgrimen como principal argumento político-reivindicativo, la “desprotección” y el desvalimiento de sus huestes, y que negocian subrepticiamente las condiciones más convenientes para perpetuar la inercia de una situación, que los subsume en un estado de mendicidad crónica, desventaja inoperante y claudicación sistemática…

La fuerza creadora de cualquier colectivo social radica en su capacidad para integrarse con las mayores posibilidades, a cualquier proyecto de desarrollo que pueda involucrarlos como actores protagonistas, capaces de contribuir activamente, ampliando y enriqueciendo los márgenes de realización que dicho proyecto proponga como alternativa de cambio…. La historia nos brinda algunos ejemplos dignos de mención… Pensemos en la alta calificación técnico-profesional de la franja más dinámica del proletariado ruso de 1917, y su acceso privilegiado a fuentes de formación política, de vanguardia para la época; en la decisión y capacidad de lucha del pueblo cubano, para llevar adelante las premisas revolucionarias del 59; en la masa peronista del 17 de octubre del 45, su convicción y su determinación, para integrarse a un proyecto de transformación de ribetes inéditos en la historia argentina, proyecto del que sería su principal sostén y garante… Son solo algunos ejemplos, para ilustrar la necesaria ligadura entre potencialidad revolucionaria, y capacidad de transformación, entre actitud reivindicativa y capacidad de respuesta ante los nuevos desafíos…

Estamos hablando, claro está, del ejercicio de una voluntad mancomunada en pos de objetivos comunes, claramente percibidos y adecuadamente internalizados…Una pregunta pertinente podría ser, si existe la posibilidad de que esto se dé en un marco de anomia progresiva, que desarma la infraestructura subjetiva, en la que el reconocimiento de si es sistemáticamente licuado por mensajes confusos y contradictorios, teniendo como una de las consecuencias más nefastas, la pérdida gradual de uno de los principales atributos del compromiso social y político, esto es la responsabilidad implícita en toda acción humana, y las derivaciones fácticas de su olvido, su negación, o su ignorancia deliberada…

Responsabilidad del individuo, en tanto sujeto capaz de modificar las condiciones de su vida presente, de integrar una comunidad en permanente intercambio, y por lo tanto capaz de dimensionar el alcance de sus actos y establecer las prioridades de su existencia, esto a partir de premisas internas y singularmente determinadas, que guiando el curso de sus anhelos, contribuirían a precisar el estatuto ontológico de su “ser”…. ¿Pura abstracción paradigmática… o sujeto político a construir en la positividad de los hechos?... En cualquiera de las dos formas, lo vemos ausentarse con demasiada frecuencia de los parámetros ideológicos en los cuales se miden las propuestas y las acciones de aquellos que detentan el liderazgo y la conducción, acentuando la mediocridad e instalando un feedback entre representantes y representados, que se destaca por la vacuidad y la contaminación de su discurso, parasitado por la urgencia de obtener aquellas migajas que en forma de ayuda y “beneficios”, suele conceder el poder de turno cuando hace gala de su generosidad e indulgencia…

Relación dialéctica, cuya síntesis podemos ver expresarse en aquellos contornos particularísimos que adopta el “universo relacional” donde se desarrollan los hechos, y cuya referencia nos puede ayudar a calibrar con alguna aproximación, la dimensión y el alcance de sus magnitudes e intensidades… Cuando se corta una autopista o se toma un espacio público, vemos desplegarse allí un campo de significaciones que desde el vamos, involucran y comprometen a todos los integrantes de la zona afectada…. Esto nos da la oportunidad de constatar, lo que seguramente nos estaría negado ver desde ciertos “castillos” discursivos, y desde ciertas “cimas” intelectuales…Ninguna teoría podría dar cuenta con mediana exactitud de los delicados, complejos y álgidos momentos, por los que atraviesa la intersubjetividad que en esos instantes se genera, y que juega sus cartas más decisivas bajo la forma de sentimientos hostiles, acuerdos circunstanciales, simpatías espontaneas, odios repentinos…. y sobre todo de una confusión generalizada que opera como disparador de las reacciones más intempestivas, de los impulsos más vehementes, de las cegueras más ridículas, y la indiferencia más egoísta…

Sería bueno preguntarnos quien toma nota de los datos, que de esta forma nos ofrece la carne viva de la experiencia, quien se hace cargo de traducir a conceptos medianamente aprehensibles, el drama personal y colectivo que supone la pérdida de referencias lógicas, compartidas por quienes seguramente se reconocen como ciudadanos de una misma polis, y aspiran al tratamiento igualitario que pregona nuestra constitución… ¿Vemos esta preocupación reflejada en las consignas que se enarbolan y en los argumentos que se esgrimen?; ¿lo vemos en las actitudes de los principales referentes, responsables por la táctica y los métodos de lucha empleados en una iniciativa unilateral y sectaria?; ¿escuchamos algo de esto en el discurso que unifica los reclamos, y circula como moneda de cambio entre los acólitos y personeros de un caos social, que legítimamente pugna por hacerse oír pero que a su vez desconoce al semejante, a su correlato social en la convivencia cotidiana, sin el cual no podría sobrevivir ni un minuto en el marco de una economía capitalista?

 

Seguramente tendríamos que hacer un gran esfuerzo para responder afirmativamente, como tendríamos que hacer el mismo esfuerzo para detectarlo en ciertas políticas de estado, que se ufanan por alimentar situaciones en las que esta responsabilidad queda diluida, en una uniformidad que pretende ser diversidad, en la apelación continua a clichés y practicas maniqueas que, vistiéndose de solidaridad, perpetúan la hegemonía de un poder paternalista y dadivoso, cuya prodigalidad enmascara invariablemente las intenciones de sostener un sistema retrógrado y falaz , que esconde entre sus ropas el puñal artero del capitalismo más cruel y despiadado, y en el cual las consignas ideológicas suenan a nostálgicas y amarillentas canciones de amor, donde quizás podríamos rastrear los dulces ecos de alguna pasión pretérita, pero que luego nos dejan con el sabor amargo de saber que el tiempo transcurre, y que las ilusiones deben renovarse para seguir viviendo, que las utopías no se alcanzan nunca, justamente por su carácter de tales… y sobre todo nos pone en la vía de pensar….que generar nuevas alternativas, nuevas herramientas y nuevos sueños, debería ser la tarea por excelencia, de todo político comprometido con la realidad de su tiempo.

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Comenzar hablando del psicoanálisis, la clínica, el analista y su relación a la palabra…. acabaría final y seguramente por llevarnos muy lejos, empujándonos  más tarde o más temprano por aquellos laberintos misteriosos en los que discurre el deseo, muy cerca de la estrategia medular que convoca nuestros afanes y perspectivas de trabajo, nuestra táctica y nuestro norte en la dirección de la cura, y en los distintos modos de abordaje que llevamos a cabo con los problemas y las dificultades que nos plantea la consulta en la labor cotidiana.

Aunque no se haya hecho explicita la demanda de un análisis, nos proponemos siempre como portadores de un saber supuesto, que tratándose del artificio del dispositivo analítico, es necesario ejercer en la medida que cada quien establezca, como límite y cota de su autorización… En tanto el analista se autoriza de sí mismo, es lícito pensar que dicha autorización estaría avalada por aquellos significantes que, dando cuenta de una singularidad, la del analista, establecerían el marco de apropiación que este puede hacer de aquello que posibilita, no solo su escucha sino también su palabra…

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